México: un porvenir que nos abraza desde el mar

México: Un porvenir que nos abraza desde la mar

October 01, 2026•6 min read

MÉXICO: UN PORVENIR QUE NOS ABRAZA DESDE LA MAR - La mar no es nuestra frontera; es el horizonte donde nace nuestro porvenir y destino.

Almirante (Ret) J. E. García Silva Pérez

Almirante (Ret) J. E. García Silva Pérez

Estimado lector: antes de iniciar su amable lectura, regálese un momento de reflexión. ¿Cuál es su pensamiento respecto a la mar? ¿Qué relación tiene con ella? ¿Qué siente al contemplarla y al estar en sus aguas? Conserve sus respuestas. Tal vez piense en vacaciones, pescado, oleaje o aquella ocasión en que una ola le recordó que los zapatos también saben nadar. Al terminar, volveremos a estas preguntas. Quizá descubramos juntos que, frente a nuestras costas, hay mucho más que un hermoso lugar y un paisaje para descansar.

México tiene una fortuna singular: dos grandes océanos lo abrazan y lo acercan al mundo. Hacia el oeste, el Pacífico nos vincula con las economías del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), entre ellas China, Japón y Corea del Sur; hacia el este, el Golfo de México y el Caribe nos abren paso al Atlántico y, más allá, a la Unión Europea. Al norte tenemos a Estados Unidos la primera potencia económica mundial; hacia el sur, a los países del Mercosur, con sus amplios mercados y necesidades de intercambio. La mar ofrece rutas hacia todos esos destinos y abre un horizonte de posibilidades. Sin embargo, solemos contemplarla como quien admira una biblioteca sin sospechar que puede aprender a leer. Nos gusta la playa y, cuando aprieta el frío, agradecemos su sol; falta descubrir cuanto comienza después de la arena. Allí existen rutas, alimentos, conocimientos, industrias y profesiones capaces de llevar empleo, bienestar y porvenir a nuestra familia.

La mar llega a nuestra casa, aunque vivamos lejos de sus costas. Está relacionada con productos, materias primas y equipos que utilizamos diariamente. Cerca del 80 % del volumen del comercio internacional de mercancías se transporta por vía marítima, según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). Esa proporción corresponde al intercambio mundial; permite comprender la importancia de los buques y puertos para la vida cotidiana. A veces creemos que una mercancía nació en el supermercado. Antes de llegar al anaquel, pudo haber cruzado un océano.

Cada embarcación que transportó esas mercaderías, necesitó personas preparadas: Capitanes, oficiales de cubierta, pilotos navales, marineros, ingenieros y oficiales de máquinas, motoristas, electricistas y una abundante pléyade de técnicos que mantienen su navegación. También requiere especialistas en comunicaciones, meteorología, logística y seguridad. Un buque reúne muchos oficios y responsabilidades; es una comunidad que trabaja para llegar a buen puerto. Para un joven mexicano, ese horizonte puede significar una carrera, un ingreso digno y la satisfacción de conocer el mundo mediante su propio esfuerzo.

En tierra, la actividad continúa. Los puertos necesitan operadores de grúas, trabajadores de terminales, técnicos de mantenimiento y especialistas en comercio exterior. Las dragas que brindan mayor profundidad al puerto para que entre buques más grandes; requieren tripulaciones y personal capacitado. Las obras portuarias: ingenieros civiles, topógrafos y operadores de excavadoras y trascabos. También hacen falta administradores, contadores y profesionales del derecho marítimo; un campo virgen de grandes oportunidades. El empleo relacionado con la mar alcanza talleres, almacenes, oficinas y caminos. Sus beneficios pueden viajar tierra adentro y llegar a comunidades que nunca han escuchado una sirena de barco.

La construcción naval merece despertar nuestra imaginación. Diseñar, construir, reparar y mantener embarcaciones puede impulsar cadenas de trabajo donde participan arquitectos navales, ingenieros mecánicos, soldadores, paileros, torneros, carpinteros, pintores y especialistas en electrónica. Alrededor de un astillero pueden desarrollarse proveedores, talleres y servicios. Allí, una plancha de acero empieza a transformarse en capacidad productiva. México puede cultivar ese conocimiento con educación, inversión y continuidad. El talento necesita oportunidades para convertirse en obra; ningún barco sale adelante solamente porque alguien pronunció un discurso junto al muelle.

En sus aguas, la mar alberga una extraordinaria diversidad de vida. La pesca y la acuicultura ofrecen alimentos y ocupaciones que requieren conocimiento y cuidado. Biólogos marinos, oceanógrafos, ingenieros pesqueros, acuicultores, veterinarios y técnicos pueden contribuir al aprovechamiento responsable de sus recursos. También intervienen quienes procesan, refrigeran, transportan y comercializan los productos. Cuidar las temporadas reproductivas, los hábitats y las poblaciones permite conservar esa fuente de sustento. La prosperidad duradera exige que nuestros hijos encuentren mañana una mar sana y viva.

Los fondos marinos también despiertan interés por sus recursos y por los conocimientos que guardan. Su estudio abre campos para geólogos, geofísicos, hidrógrafos y especialistas en robótica submarina. Conocer esas riquezas exige investigación y evaluar cuidadosamente las consecuencias de cualquier aprovechamiento. El porvenir incluye, además, estudiar energías marinas y nuevas aplicaciones de organismos acuáticos. La curiosidad científica puede encontrar respuestas valiosas bajo el agua. Conviene acercarnos con inteligencia: el entusiasmo orienta la mirada; la ciencia ayuda a decidir.

El turismo costero y la pesca deportiva amplían ese panorama. Guías, instructores de buceo, patrones de embarcaciones, cocineros, hoteleros y pequeños empresarios pueden encontrar oportunidades ligadas al paisaje y a la hospitalidad mexicana. Una comunidad que conserva sus playas, manglares y arrecifes protege también los atractivos de los que depende su economía. El visitante busca experiencias memorables; el residente merece una mejor fortuna. Ambas aspiraciones pueden encontrarse cuando existen capacitación, servicios seguros y respeto por la naturaleza y por las personas.

La transformación digital que busca el establecimiento obligatorio del Código MASS (Código Internacional de Seguridad para Buques de Superficie Autónomos) requiere nuevas profesiones. Especialistas en ciberseguridad, programadores, ingenieros en telecomunicaciones y técnicos en automatización pueden participar en la protección y operación de estos sistemas marítimos modernos. Para aprovechar esas oportunidades debemos enseñar desde temprano cómo se relaciona la mar con nuestra vida y acercar escuelas, universidades, empresas y autoridades. Hace falta despertar vocaciones y ofrecer caminos reales de formación. Una niña que hoy descubre la biología marina puede mañana dirigir una investigación; un muchacho curioso puede construir tecnología.

CONCLUSIÓN

Ahora, estimado lector, vuelva a preguntarse: ¿qué piensa de la mar?, ¿qué relación tiene con ella?, ¿qué siente al verla y estar en sus aguas? Quizá haya añadido a la belleza una palabra: oportunidades de generar mayor riqueza. México tiene frente a sus costas oportunidades que requieren manos, inteligencia y voluntad. Podemos preparar a nuestros jóvenes para conocerlas, cuidarlas y convertirlas en prosperidad compartida. La próxima vez que mire el horizonte, imagine también a quienes encontrarán allí su vocación. La mar nos abraza. Aprendamos a corresponderla y aprovechar la enorme riqueza que nos ofrece.

México tiene en la mar una oportunidad decisiva para romper el círculo de preparación insuficiente, empleos escasos y dependencia. Aprovecharla exige educar: despertar vocaciones, enseñar oficios y formar personas capaces de investigar, producir y cuidar nuestros recursos. El porvenir marítimo comienza en las aulas, con una educación que enseñe a pensar y resolver, libre de dogmatismos y abierta al conocimiento.

El pragmatismo de Deng Xiaoping invita a aprender de la experiencia, valorar resultados y corregir el rumbo. La firmeza de Lee Kuan Yew frente a la corrupción recuerda que el desarrollo requiere instituciones honestas.Hagamos nuestras esas lecciones: cada recurso destinado a educación, ciencia e infraestructura debe cumplir su propósito. Desviarlo es arrebatar oportunidades a nuestros hijos.

Unamos escuelas, universidades, empresas y autoridades en una tarea que trascienda gobiernos: convertir el talento mexicano y las posibilidades de la mar en prosperidad compartida. La mar nos abraza, pero el porvenir exige nuestra respuesta: educación para comprender, trabajo para construir y honestidad para que el esfuerzo llegue a todos. México tiene el horizonte; nos corresponde darle rumbo.

Almirante (Ret) J. E. García Silva Pérez
Almirante (Ret) J. E. García Silva Pérez
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